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28 de abril de 2025 a las 09:35

Francisco: la contradicción que lo completa

La figura de Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco, ha generado controversia incluso después de su fallecimiento. Su defensa de los pobres y la justicia social le valió la antipatía de la derecha más radical, quienes lo tildaron con epítetos que rayan en lo grotesco. Para algunos sectores, su partida es motivo de alivio, una oportunidad para redireccionar la Iglesia hacia derroteros más conservadores, un anhelo de un Vaticano "great again".

Desde una perspectiva ajena a la fe, Francisco se presentaba como un hombre afable, con una clara inclinación hacia la justicia social, alejado de la pompa y la ostentación divinas. Su teología del pueblo, arraigada en la realidad argentina, priorizaba a los desfavorecidos, reconociendo la lucha de clases y el conflicto inherente entre el pueblo y el "anti-pueblo". Su muerte supone la desaparición de una figura singular en el panorama eclesiástico.

Sin embargo, incluso desde la admiración por su talante humanitario, no se pueden obviar ciertas contradicciones y posturas que generaron rechazo. Sus declaraciones sobre la ideología de género, el feminismo, el aborto y la eutanasia chocan frontalmente con las reivindicaciones de numerosos colectivos. Estas afirmaciones, lejos de ser escandalosas, resultan casi esperables de un Papa, un personaje constreñido por la tradición y el dogma. Quizá su mayor defecto fue la teatralidad inherente al cargo, la necesidad de representar un papel, de ser una interpretación de sí mismo más que él mismo.

Más allá de las controversias, persiste la anécdota que lo humaniza: su llamada al quiosquero de Buenos Aires para cancelar su suscripción al periódico tras su nombramiento. Un gesto que prioriza lo cotidiano, lo terrenal, por encima de la comunicación con lo divino. Esta anécdota nos recuerda a aquellos personajes literarios que, pese a sus contradicciones y flaquezas, revelan una humanidad profunda. Al igual que el pescador de Cela en "Madera de boj", Francisco nos recuerda que la vocación puede ser eclipsada por la circunstancia. Y el papado, en última instancia, no deja de ser una circunstancia política.

Es precisamente en esa dualidad, entre la defensa de los desfavorecidos y las posturas conservadoras, donde reside la complejidad de su legado. Un legado que, sin duda, seguirá siendo objeto de debate y análisis durante mucho tiempo. Su figura, más allá de la fe o la incredulidad, nos invita a reflexionar sobre la condición humana, sobre las contradicciones inherentes a nuestra existencia y sobre el peso de las circunstancias en nuestras acciones. Francisco, el Papa de los pobres, también fue el Papa de las contradicciones. Y en esa tensión, en esa complejidad, reside la verdadera riqueza de su figura. Una figura que, a pesar de las críticas y las polémicas, deja una huella imborrable en la historia de la Iglesia y del mundo. Un hombre que, a su manera, intentó acercar el cielo a la tierra, aunque a veces pareciera que la tierra le impidiera alcanzar el cielo.

Fuente: El Heraldo de México