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29 de abril de 2025 a las 00:10

Evita el caos: Guía ante pinchazos en el Metro

La creciente ola de inquietud que se respira en los andenes del Metro de la Ciudad de México es palpable. Los recientes reportes de pinchazos con sustancias sospechosas, posiblemente estupefacientes y somníferos, han sembrado la alarma entre los usuarios, especialmente en las horas pico, cuando los vagones se convierten en un mar de rostros apretados. Aunque las autoridades se esfuerzan por transmitir calma y asegurar que se están tomando medidas, la incertidumbre persiste. ¿Qué se esconde detrás de estos ataques? ¿Se trata de robos, agresiones o algo más siniestro? Las preguntas flotan en el aire, densas como el humo del metro en hora punta.

El miedo, ese viejo conocido de los habitantes de las grandes urbes, se ha instalado en los vagones. Mujeres que viajan solas aferradas a sus bolsos, jóvenes que miran con recelo a quienes se acercan demasiado, un ambiente de tensión que contrasta con la habitual camaradería que se respiraba en el transporte colectivo. Las miradas se cruzan, cargadas de desconfianza, y la proximidad física, antes una necesidad impuesta por el espacio reducido, ahora se percibe como una amenaza.

Las autoridades, conscientes de la creciente psicosis colectiva, han intensificado la presencia policial en las estaciones y dentro de los trenes. Uniformes azules y verdes intentan transmitir seguridad, pero la sensación de vulnerabilidad persiste. Las recomendaciones oficiales, aunque necesarias, parecen insuficientes ante la magnitud del problema. Reportar cualquier situación sospechosa, activar la palanca de emergencia, son medidas reactivas, que entran en juego cuando el daño ya está hecho. ¿Qué pasa con la prevención? ¿Cómo evitar que estos ataques se sigan produciendo?

La sombra de la impunidad se cierne sobre el metro. De los veinte casos reportados, solo dos han arrojado resultados positivos en las pruebas toxicológicas. ¿Qué ocurre con los demás? ¿Falta de pruebas concluyentes, dificultades en la investigación o algo más? La falta de respuestas claras alimenta la incertidumbre y la desconfianza. La ciudadanía exige resultados, demanda que se esclarezcan los hechos y se castigue a los responsables.

Mientras tanto, la vida en el metro continúa. Millones de personas siguen utilizando este medio de transporte a diario, obligados por la necesidad, pero con un nudo en el estómago. La espera en el andén, el viaje en el vagón atestado, se han convertido en una experiencia tensa, cargada de aprehensión. El metro, símbolo de la movilidad y la conexión, se ha transformado en un espacio de vulnerabilidad y miedo. ¿Hasta cuándo? Esa es la pregunta que resuena en los túneles, en los vagones, en las mentes de los usuarios. Una pregunta que exige una respuesta urgente, concreta y eficaz. La seguridad de los ciudadanos no puede esperar.

Fuente: El Heraldo de México