28 de abril de 2025 a las 09:30
Empodera a las niñas de México
La imagen perdura: una niña con una diadema azul de terciopelo, la misma que usaba todos los días, sentada en un parque, con los pies colgando, sin tocar el suelo. A su lado, una presencia constante, un helado en mano, una mano extendida en los momentos de vulnerabilidad, que parecen ser casi todos. Una imagen que evoca la ternura y la fragilidad de la infancia, pero que también nos recuerda la responsabilidad que tenemos como adultos de proteger esa inocencia. El Día del Niño y de la Niña es una oportunidad para celebrar, sí, pero también para reflexionar sobre las experiencias que moldean a esas pequeñas personitas, experiencias que a veces dejan marcas profundas y dolorosas.
Hablar de la infancia es adentrarse en un territorio delicado. Es hurgar en los recuerdos, algunos dulces, otros amargos, que conforman la base de quienes somos hoy. Esas memorias, a veces inconscientemente, guían nuestras decisiones, influyen en nuestras reacciones y, en ocasiones, nos mantienen atadas a patrones que ya no nos sirven. No se trata de psicoanalizar, sino de reconocer la importancia de sanar a esa niña interior que aún vive en nosotras.
Y pensando en esa niña, en la mía, en la tuya, en la de todas, surge una lista de deseos, una plegaria por un futuro mejor, por un México donde la infancia sea sinónimo de seguridad, libertad y plenitud.
Deseo, primero y fundamental, que todas las niñas de México vivan seguras, especialmente en sus hogares, ese espacio que debería ser el refugio por excelencia. Que el miedo no las aceche en las noches, que puedan caminar por las calles sin temor, que los baños de la escuela no sean un escondite obligado durante el recreo. Que la seguridad sea un derecho, no un privilegio.
Deseo que, si el miedo llega, encuentren brazos que las protejan, un lugar donde sentirse a salvo, donde recuperar el aliento y la fuerza. Que sepan que no están solas, que hay personas dispuestas a escucharlas y a creerles.
Deseo que sus cuerpos sean suyos y de nadie más. Que aprendan desde pequeñas que un "no" es suficiente, que su voz tiene poder y que ser fuertes es más importante que ser calladas o prudentes. Que la sociedad les enseñe el valor del consentimiento y que, si alguna vez son vulneradas, sepan que no tienen la culpa, que siguen siendo valiosas, dignas de amor y respeto.
Deseo que sean libres para soñar en grande, para elegir su propio camino, para descubrir su vocación y vivir de ella con dignidad. Que nadie les diga que hay trabajos "de hombres" o "de mujeres", que rompan barreras y se atrevan a desafiar sus propios límites, una y otra vez.
Deseo, finalmente, que encuentren a su tribu, a esas personas incondicionales que llamamos familia, tengan o no la misma sangre. Que en ese círculo de confianza puedan ser auténticas, vulnerables, y que la niña que llevan dentro nunca deje de existir, sin importar los años o las batallas que la vida les ponga enfrente.
Estos deseos no son solo para mi niña interior, ni para la tuya, son para todas las niñas de México. Son una invitación a luchar, juntas, por un país donde la infancia sea un tesoro protegido, donde las niñas puedan crecer libres, seguras y plenas. Porque si no defendemos a nuestras niñas, ¿qué nos queda por defender? La esperanza de un futuro mejor reside en ellas. Es nuestra responsabilidad construir un México donde puedan florecer.
Fuente: El Heraldo de México