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28 de abril de 2025 a las 06:25

El legado rupestre del rockero del 85

A más de tres décadas de su partida, la figura de Rockdrigo González se agiganta. No solo se mantiene como un referente del rock mexicano, sino que su obra, con esa crudeza lírica y esa honestidad brutal, resuena con aún más fuerza en el complejo panorama urbano actual. Imaginen a un joven Rockdrigo, guitarra en mano, observando el frenesí de la Ciudad de México de hoy. ¿Qué versos brotarían de su pluma, afilada como navaja, ante el desbordante crecimiento, la vorágine tecnológica y la creciente desigualdad? Probablemente, nos regalaría nuevas "hurbanistorias", crónicas cantadas de una realidad que, en esencia, sigue palpitando con las mismas angustias y anhelos que él retrató.

Su música no era un simple desahogo, era una fotografía sonora de una época. El caos del transporte público, la precariedad laboral, la búsqueda del amor en medio del asfalto, la frustración ante un sistema que parecía ignorar las voces de los marginados, todo ello cobraba vida en sus canciones. Y lo hacía con una ironía mordaz, con un humor negro que, si bien no fue comprendido por todos en su momento, hoy se reconoce como una de las señas de identidad de su estilo. Rockdrigo no endulzaba la realidad, la mostraba tal cual, sin filtros ni concesiones.

El terremoto del 85 no solo truncó la vida de miles de personas, también silenció una voz que aún tenía mucho que decir. Su discografía oficial, escasa y fragmentada, no hace justicia a la magnitud de su talento. Pero la música, como la memoria, encuentra sus propios caminos. Sus canciones sobrevivieron al olvido gracias al boca a boca, a las cintas grabadas en conciertos clandestinos, a la devoción de un público que se reconocía en sus letras. "Estación del Metro Balderas", "No tengo tiempo", "Distante instante"… himnos que siguen resonando en la memoria colectiva, transmitiéndose de generación en generación.

El "Hurbanistorias", ese cassette precario que hoy se cotiza como una reliquia, se convirtió en el manifiesto de una generación. Un puñado de canciones que retrataban la vida en la urbe con una precisión quirúrgica. "El campeón", "Perro en el periférico", "Ratas"… títulos que evocan imágenes, olores, sensaciones. Un universo sonoro que capturaba la esencia de una ciudad en constante transformación.

La influencia de Rockdrigo se extiende más allá del movimiento rupestre. Su espíritu contestatario, su compromiso con la realidad social, su lenguaje directo y sin artificios, han inspirado a artistas de diversos géneros. Desde el ska y el punk hasta el folk y el rock, numerosas bandas han rendido homenaje a su figura, reversionando sus canciones o incorporando su estilo en sus propias creaciones.

Rockdrigo González, el cronista musical de la ciudad, el poeta del asfalto, el profeta del desencanto urbano. Su legado, lejos de desvanecerse, se fortalece con el paso del tiempo. Su voz, silenciada por la tragedia, sigue resonando en las calles, en los bares, en los corazones de quienes buscan la verdad en la música. Y mientras la ciudad siga latiendo, sus canciones seguirán vivas, recordándonos que la poesía puede encontrarse incluso en los rincones más oscuros de la urbe.

Fuente: El Heraldo de México