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28 de abril de 2025 a las 09:35

El Legado de Francisco: ¿Qué sigue?

La partida del Papa Francisco nos deja un vacío inmenso, una sensación de orfandad que se extiende mucho más allá de los muros del Vaticano. Doscientas cincuenta mil almas reunidas en la Plaza de San Pedro, y millones más conectadas a través de la oración y el recuerdo, dan testimonio de la profunda huella que este hombre dejó en el mundo. No se trataba simplemente de un líder religioso, sino de una figura que trascendió las etiquetas y los dogmatismos para tocar el corazón de la humanidad.

Su sencillez, su cercanía con los más vulnerables, su constante llamado a la fraternidad y la paz, resonaron en un mundo fragmentado y sediento de esperanza. Francisco no se limitó a pronunciar discursos desde la comodidad del Palacio Apostólico. Se ensució las manos, abrazó a los leprosos, escuchó a los marginados, y nos mostró con su ejemplo que la verdadera religión se vive en las calles, junto a quienes más sufren.

Aquellos que intentaron encasillarlo, ya sea como "progresista" o "conservador", fracasaron estrepitosamente. Francisco era simplemente "católico", en el sentido más amplio y universal de la palabra. Abrió las puertas de la Iglesia a las nuevas realidades, a las periferias geográficas y existenciales, no por una vana modernidad, sino por una profunda fidelidad al Evangelio. Supo comprender que la Iglesia, para ser verdaderamente universal, debe acoger la diversidad y abrazar la complejidad del mundo contemporáneo. Entendió que la fe no es un conjunto de normas rígidas, sino un camino de amor y compasión que se recorre junto a todos, sin exclusiones.

Francisco desafió las estructuras de poder, incomodó a los fariseos de nuestro tiempo, y nos invitó a construir un mundo más justo y fraterno. Su diálogo con líderes políticos de diferentes ideologías, desde Evo Morales hasta Donald Trump, demuestra su convicción de que la paz solo se construye a través del encuentro y la escucha, a través del reconocimiento del otro como hermano, más allá de las diferencias.

Ahora, ante la inminente elección de un nuevo Pontífice, las especulaciones y las quinielas inundan los medios de comunicación. Pero la verdadera pregunta no es quién ocupará la silla de Pedro, sino cómo podemos continuar el legado de Francisco. Cómo podemos mantener viva la llama de la esperanza que él encendió en nuestros corazones.

El próximo cónclave no debe ser una lucha de poder, sino un espacio de discernimiento, un momento de profunda escucha del Espíritu Santo para comprender cuál es la voluntad de Dios para la Iglesia y para el mundo en este momento crucial de la historia. Necesitamos un Papa que, como Francisco, se atreva a desafiar el status quo, a romper con las estructuras obsoletas, y a guiar a la Iglesia por el camino de la humildad, la compasión y la justicia.

El legado de Francisco nos invita a mirar más allá de las etiquetas y los prejuicios, a construir puentes en lugar de muros, y a trabajar incansablemente por un mundo donde reine la paz y la fraternidad. Su recuerdo nos impulsa a seguir caminando, a no desfallecer en la lucha por un mundo mejor, a ser, como él, testigos del amor de Dios en medio de las sombras. Que su ejemplo nos inspire a ser mejores cristianos, mejores seres humanos, y a construir un futuro más justo y esperanzador para todos.

Fuente: El Heraldo de México