28 de abril de 2025 a las 04:00
El Códice Perdido Regresa a Casa
Sumérjanse en una fascinante travesía a través del tiempo, un viaje que nos remonta al corazón del siglo XVI, apenas tres décadas después de la caída de Tenochtitlan. Imaginen el fervor de los frailes, dedicados a la titánica tarea de descifrar y documentar los vastos conocimientos de los pueblos originarios de Mesoamérica. En este contexto, emerge la historia de un códice excepcional, un tesoro de saberes medicinales que, cual ave fénix, renacería de las cenizas del tiempo para volver a su tierra natal.
Este códice, nacido en el seno del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, no es un simple manuscrito, sino un portal que nos conecta con la sabiduría ancestral de los nahuas. En sus páginas, ilustradas con la delicadeza y precisión propias de los artistas indígenas, se despliega un universo de plantas medicinales y remedios tradicionales, un legado invaluable que ha sobrevivido al paso de los siglos. Su nombre, Libellus de Medicinalibus Indorum Herbis, o "Librito sobre hierbas indígenas medicinales", ya nos da una idea de su contenido, un compendio de saberes que abarca desde afecciones comunes hasta dolencias más complejas.
El artífice de esta joya bibliográfica fue Martín de la Cruz, un médico nahua cuya profunda comprensión de la medicina tradicional quedó plasmada en cada trazo, en cada descripción detallada de las propiedades curativas de las plantas. La pluma de Juan Badiano, originario de Xochimilco, se encargó de traducir esta sabiduría al latín, abriendo así una ventana al conocimiento para el mundo occidental. Imaginen la meticulosidad de su trabajo, la precisión con la que transcribió cada término, cada fórmula, convirtiendo el códice en un puente entre dos culturas.
Francisco de Mendoza, hijo del primer virrey de la Nueva España, fue el encargado de entregar este singular presente al rey Carlos V. Su objetivo era doble: obtener recursos para el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, un faro de conocimiento en la naciente Nueva España, y conseguir el favor real para el comercio de hierbas y especias. El códice, por lo tanto, no solo era un compendio de saberes medicinales, sino también una herramienta política, un símbolo del potencial de la Nueva España.
El periplo del códice a través de los siglos es una historia en sí misma. De la biblioteca real española pasó a manos de Diego de Cortavila y Sanabria, farmacéutico del rey Felipe IV, y luego al cardenal italiano Francesco Barberini, dándole al documento otro de sus nombres: Códice Barberini. Imaginen este tesoro de conocimiento, viajando de mano en mano, atestiguando el devenir de la historia, resistiendo el embate del tiempo.
Finalmente, tras siglos de peregrinaje, el Códice De la Cruz-Badiano encontró su camino de regreso a casa. Gracias a la incansable labor del antropólogo e historiador Miguel León-Portilla, y a la buena voluntad del Papa Juan Pablo II, el códice regresó a México en 1990, más de cuatro siglos después de su partida. Fue un momento histórico, un símbolo de la recuperación del patrimonio cultural, un acto de justicia poética que devolvió a México una parte fundamental de su identidad. Hoy, resguardado en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, el Códice De la Cruz-Badiano nos invita a explorar las raíces de la medicina tradicional mexicana, a conectar con la sabiduría de nuestros antepasados, y a valorar la riqueza de nuestro patrimonio cultural.
Fuente: El Heraldo de México