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28 de abril de 2025 a las 09:30

Domina el arte del descanso real

Desde niñas, muchas hemos experimentado la vorágine del multitasking. Recuerdo mi infancia como un torbellino de estímulos: la televisión encendida, música sonando mientras estudiaba, mis Barbies compartiendo espacio con coches a control remoto y libros, saltando de una actividad a otra sin pausa. Las ventanas abiertas en mi computadora, una metáfora perfecta de mi mente en constante ebullición. ¿Era bueno? ¿Era malo? No lo sé. Lo que sí sé es que hoy, la atención plena se me presenta como un desafío, una cima que me cuesta escalar y en la que me cuesta mantenerme. Me seducen las infinitas opciones y posibilidades, me atraen los destellos de los nuevos comienzos, pero la disciplina de la constancia a largo plazo se me resiste. Si bien logro ser funcional y cumplir con mis responsabilidades, no es mi estado natural. Mi naturaleza me impulsa a saltar de un interés a otro, a dejarme seducir por la novedad, a explorar un poco de esto y un poco de aquello, sumergiéndome en la profundidad solo cuando algo realmente captura mi esencia.

Joe Dispenza afirma que "en donde pones tu atención, eso crece". Entonces, ¿qué crece en una mente multitask? ¿Desorden? Quizás. Pero el desorden, al igual que la crisis, forma parte de un orden mayor. Son energías que se equilibran y se alimentan mutuamente, herramientas cuya utilidad depende del momento. Actualmente, me encuentro en un periodo de decisiones importantes, un momento que demanda no solo mi atención, sino también mi capacidad de desenfoque, de pensar no solo de forma lineal, sino también lateral.

El pensamiento lineal, eficiente y racional, se basa en lo aprendido y lo lógico, actuando de manera casi automática. En contraste, el pensamiento lateral se expande en la búsqueda de respuestas, ofreciendo soluciones innovadoras y poco convencionales, rompiendo los ciclos de pensamiento repetitivos. La dispersión, entonces, puede ser una aliada invaluable en los procesos de ideación.

Pero, ¿cómo podemos entrenar la flexibilidad de la dispersión y, al mismo tiempo, cultivar la disciplina del enfoque? El tiempo y los plazos de entrega pueden ser nuestros aliados. ¿Les ha pasado que se sienten más concentradas cuando se acerca la fecha límite de un proyecto? Esa presión, la imposibilidad de postergar más, nos impulsa a actuar y a rechazar las distracciones.

Para no tener que llegar a ese punto límite, existe una técnica que simula esta dinámica: la Técnica Pomodoro. Este método consiste en establecer intervalos de trabajo de 25 minutos con descansos de 5 minutos. Al trabajar en periodos cortos, se facilita el enfoque y la acción. Personalmente, asigno a cada pomodoro una tarea específica que sé que puedo completar en ese tiempo. De esta manera, en mis momentos de "entrega", logro concentrarme plenamente.

Para fomentar la flexibilidad y el pensamiento lateral, una vez a la semana dedico un espacio de dos o tres horas a divagar, permitiendo que mi mente explore libremente, pero con un propósito definido. Selecciono un problema o tema que deseo resolver y, sin una estructura preestablecida, dejo que mi mente recorra diferentes posibilidades. Anoto las ideas que surgen y luego elijo cuál quiero desarrollar y llevar a la acción. Es un ejercicio de exploración y descubrimiento, un espacio para cultivar la creatividad y encontrar soluciones innovadoras. En este baile entre la dispersión y el enfoque, encuentro el equilibrio que me permite navegar en la complejidad del mundo actual.

Fuente: El Heraldo de México