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28 de abril de 2025 a las 09:45

Crisis global: Aranceles descarrilan el comercio

La decisión del presidente Trump de incrementar los aranceles a las importaciones ha desencadenado una verdadera tormenta en el tablero geopolítico mundial. Más allá del impacto directo en las relaciones comerciales, esta medida proteccionista amenaza con desestabilizar el frágil equilibrio de poder que, con sus altibajos, ha regido el mundo desde la Segunda Guerra Mundial. Se percibe un claro retroceso en la cooperación internacional, sustituida por una retórica nacionalista y una política de aislamiento que pone en jaque décadas de acuerdos y tratados. La construcción de barreras, tanto físicas como económicas, evoca un proteccionismo anacrónico que parece ignorar las complejas interdependencias de la economía globalizada.

La pregunta clave es: ¿qué busca realmente Estados Unidos con esta estrategia? La justificación oficial se centra en la reducción del déficit comercial y la protección de la industria nacional. Sin embargo, muchos analistas argumentan que esta narrativa simplifica una realidad mucho más compleja. El desmantelamiento de la industria manufacturera estadounidense, iniciado en los años 90 con la deslocalización de la producción hacia países como China, es un proceso de larga data con consecuencias profundas en el tejido social y económico del país. La apuesta por el dominio tecnológico, pilar del Consenso de Washington, no ha dado los frutos esperados. La competencia internacional, especialmente en Asia, ha erosionado la hegemonía tecnológica estadounidense, dejando a su paso un vacío industrial y un creciente descontento social.

El caso de China es paradigmático. Este gigante asiático, receptor de gran parte de la inversión extranjera en las últimas décadas, se ha convertido en un competidor formidable en el escenario global. No solo ha absorbido gran parte de la capacidad manufacturera mundial, sino que también ha invertido masivamente en investigación y desarrollo, desafiando el liderazgo tecnológico estadounidense. La imposición de aranceles a productos chinos se interpreta, en este contexto, como un intento desesperado por frenar su ascenso, una medida que podría tener consecuencias impredecibles.

La aparente miopía de la administración Trump al ignorar la importancia de los flujos de capital es preocupante. El déficit comercial, argumento central de la política proteccionista, se compensa en gran medida con la entrada de capitales extranjeros. Estos flujos, esenciales para financiar el déficit fiscal estadounidense, se ven amenazados por la incertidumbre generada por la guerra comercial. El riesgo de una fuga de capitales, con sus consiguientes efectos negativos en la economía estadounidense, es un escenario que no se puede descartar.

La escalada de tensiones entre Estados Unidos y China es, sin duda, el aspecto más preocupante de esta coyuntura. Algunos expertos advierten sobre el riesgo de una confrontación que podría ir más allá de lo económico. El desarrollo tecnológico de China en el ámbito militar, a menudo subestimado, representa un factor a tener en cuenta. La provocación implícita en la imposición de aranceles podría desencadenar una respuesta imprevisible con consecuencias devastadoras.

La caída de las bolsas mundiales y la volatilidad de los mercados son un reflejo del nerviosismo que impera en la comunidad internacional. La incertidumbre sobre el futuro de las relaciones comerciales y el temor a una escalada del conflicto han generado un clima de desconfianza que amenaza con desestabilizar la economía global. La decisión unilateral de Estados Unidos de romper con el orden establecido representa un punto de inflexión en la historia reciente. El mundo se encuentra en un momento de transición, un periodo de gran incertidumbre donde las viejas reglas ya no se aplican y las nuevas aún no se han definido. El futuro, más que nunca, se presenta incierto.

Fuente: El Heraldo de México