28 de abril de 2025 a las 20:40
Asesinan a Sandra Domínguez y a su esposo en rancho "La Ceiba"
La trágica historia de Sandra Estefanía Domínguez Martínez y Alexander Hernández nos conmueve profundamente y nos recuerda la vulnerabilidad que enfrentamos ante la violencia. El hallazgo de sus cuerpos, tras meses de angustiosa búsqueda, cierra un capítulo doloroso para sus familias y para Oaxaca, pero abre la puerta a la exigencia de justicia. La Fiscalía ha desplegado un arduo trabajo, una verdadera labor de hormiga, siguiendo pistas, rastreando señales en un territorio complejo y peligroso. Imaginen el esfuerzo titánico que implicó coordinar operativos en dos estados, Oaxaca y Veracruz, analizar la información obtenida del teléfono de Sandra, encontrado en El Nigromante, y conectar los puntos que llevaron finalmente al rancho "La Ceiba". Este caso nos muestra la intrincada red de la delincuencia, células operando entre las sombras, extendiendo sus tentáculos a través de las fronteras estatales. El enfrentamiento en el rancho "El Capricho", donde lamentablemente perdieron la vida elementos de seguridad, ilustra el riesgo que enfrentan quienes nos protegen, quienes se enfrentan a diario con la brutalidad del crimen organizado. La imagen de rifles de asalto AR-15 y AK-47 nos habla de un poder de fuego desmedido, de una amenaza latente que exige una respuesta contundente por parte del Estado. Más allá de la detención de C.E.R.M. y la neutralización de A.G.T., es crucial desmantelar por completo estas redes criminales. ¿Cuántos otros Sandras y Alexanders están en peligro? ¿Cuántas familias viven con el temor constante de la desaparición de un ser querido? La Fiscalía de Oaxaca tiene la responsabilidad de no claudicar, de seguir las líneas de investigación hasta sus últimas consecuencias. No basta con la captura de algunos individuos; se debe desentrañar la estructura completa de la organización criminal, identificar a todos los responsables, y llevarlos ante la justicia. La memoria de Sandra y Alexander, su lucha por los derechos de los pueblos indígenas, no debe ser en vano. Su caso debe servir como un llamado a la acción, a la unión de la sociedad y las autoridades para construir un Oaxaca más seguro, un México donde la justicia prevalezca sobre la impunidad. Este no es solo el fin de una búsqueda, es el comienzo de una lucha por la justicia, una lucha que debemos emprender todos juntos.
Fuente: El Heraldo de México