28 de abril de 2025 a las 09:30
Abraza tu Orgullo
El orgullo, ese sentimiento de doble filo, puede ser la llama que enciende nuestra satisfacción o la barrera que nos separa de la auténtica conexión. Cuando nos sentimos orgullosos de nuestras raíces, de la familia que nos vio crecer y de la que construimos con amor, ese orgullo se convierte en un motor. Un motor que nos impulsa a valorar lo que tenemos, a agradecer cada pequeño detalle y a comprometernos con la reciprocidad, ese delicado equilibrio entre dar y recibir. Este orgullo sano, nos permite celebrar nuestros logros con alegría, sin caer en la arrogancia, y nos da la fuerza para aprender de nuestros errores, manteniendo viva la llama de la esperanza.
Por otro lado, existe un orgullo que se disfraza de superioridad, que nos ciega y nos aleja de los demás. Un orgullo que nos hace creer que tenemos derecho a exigir sin ofrecer nada a cambio, que nos impide construir relaciones armoniosas y equitativas. Este tipo de orgullo es un muro que nos aísla y nos encierra en una burbuja de ego, impidiéndonos conectar con la verdadera esencia de la vida.
La dignidad, en cambio, es la brújula que nos guía en el camino de la autovaloración. Es el reconocimiento de nuestro derecho innato a elegir, a tomar decisiones que moldeen nuestra vida y nos permitan crecer. Es la libertad de construir nuestro propio destino, asumiendo la responsabilidad de nuestras acciones, incluso cuando estas conllevan el dolor de afrontar las consecuencias y las contradicciones que puedan surgir en nuestro entorno. Es un acto de valentía, de honestidad con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea.
A veces, la vida nos pone a prueba y nos obliga a reajustar nuestras valoraciones, tanto de nosotros mismos como de las personas que amamos. Estos ajustes pueden ser dolorosos, pueden sacudir nuestros cimientos y hacernos cuestionar todo aquello en lo que creíamos. Pueden robarnos el sueño, afectar nuestra concentración y mermar nuestra capacidad de disfrutar de las cosas que antes nos llenaban de alegría.
En esos momentos de incertidumbre, es crucial preguntarnos: ¿Esta valoración que estoy haciendo es realmente mía o estoy aferrándome a una enseñanza aprendida, a una creencia impuesta? Si descubrimos que estamos repitiendo patrones heredados, que estamos siguiendo un camino trazado por otros, quizás sea el momento de dar un paso al frente y escribir nuestra propia filosofía de vida. Un paso que nos permitirá recuperar la libertad de elegir, de decidir por nosotros mismos, y que nos devolverá el sentimiento de dignidad y la capacidad de disfrutar plenamente de la vida.
Es un proceso de autodescubrimiento, de conectar con nuestra esencia y de construir una vida auténtica, basada en nuestros propios valores y experiencias. Un camino que nos llevará a la verdadera plenitud y nos permitirá brillar con luz propia.
Fuente: El Heraldo de México