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28 de abril de 2025 a las 00:20
Tragedia: Bebé pierde mano en molino
La angustia se palpaba en el aire del Hospital Universitario de Monterrey. El reloj marcaba la madrugada del lunes 28 de abril, y el silencio habitual de la noche se veía interrumpido por el frenético ir y venir del personal médico y los equipos de rescate. Un bebé de apenas 15 meses, Ángel Misael, luchaba por su vida, su pequeño brazo izquierdo atrapado en las fauces metálicas de una máquina de moler carne. La escena, desgarradora, evocaba una pesadilla.
Minutos antes de la medianoche, el padre del menor había llegado al hospital con su hijo en brazos, su rostro reflejando una mezcla de terror y desesperación. La información era escasa, confusa. No se sabía con exactitud cómo había ocurrido el accidente, sólo la brutal realidad: la mano y el antebrazo del pequeño estaban atrapados en la maquinaria. La urgencia de la situación era palpable, cada segundo contaba.
De inmediato, se activó un protocolo de emergencia. Protección Civil Nuevo León, Protección Civil Monterrey, Bomberos Nuevo León y el equipo médico del Hospital Universitario se unieron en una carrera contra el tiempo. La sala de pediatría se convirtió en un escenario de intensa actividad, donde la precisión y la rapidez eran cruciales.
Durante casi dos horas, los rescatistas trabajaron incansablemente, empleando equipo especializado de rescate urbano, incluyendo las "quijadas de la vida", herramientas diseñadas para cortar metal y liberar a personas atrapadas en situaciones extremas. La tensión se podía cortar con un cuchillo. Cada movimiento, cada ajuste de las herramientas, se realizaba con la máxima cautela, conscientes de la fragilidad del pequeño Ángel Misael.
A pesar de los denodados esfuerzos, la gravedad de la lesión, el tiempo transcurrido y la corta edad del bebé hicieron imposible salvar su mano y antebrazo izquierdo. La amputación fue inevitable. Una decisión desgarradora, pero necesaria para preservar la vida del pequeño.
Tras la liberación del miembro atrapado, Ángel Misael fue inmediatamente atendido por el personal médico del Hospital Universitario. Se inició un tratamiento para estabilizarlo y comenzar el largo proceso de recuperación que le espera.
Mientras tanto, las autoridades han iniciado una investigación para esclarecer las circunstancias exactas del accidente. ¿Cómo pudo un niño de tan corta edad acceder a una máquina de moler carne? ¿Hubo negligencia por parte de los adultos? Estas son algunas de las preguntas que buscan respuesta.
Este trágico suceso nos recuerda la importancia de extremar las precauciones en el hogar, especialmente cuando hay niños pequeños. Las máquinas, herramientas y electrodomésticos deben mantenerse fuera del alcance de los menores. La supervisión constante es fundamental.
Más allá del dolor y la consternación, este incidente también pone de manifiesto la dedicación y el profesionalismo de los cuerpos de rescate. "Estos servicios nos parten el corazón, pero damos lo mejor de nosotros en cada rescate", expresó la coordinación de Protección Civil de Nuevo León en redes sociales, un testimonio de la entrega y la vocación de servicio de quienes arriesgan sus vidas para salvar a otros.
La historia de Ángel Misael es un llamado a la reflexión. Una tragedia que nos recuerda la fragilidad de la vida y la importancia de la prevención. Un recordatorio de que la seguridad, especialmente la de nuestros niños, no es un juego. Es una responsabilidad de todos.
Fuente: El Heraldo de México