27 de abril de 2025 a las 19:00
¡Tiburón! Guía de supervivencia playera
La desaparición de Alejandro Cortez en Playa Chac Mool nos recuerda la fuerza impredecible del mar y la importancia de estar preparados ante cualquier eventualidad, incluso las menos esperadas. Si bien la presencia de tiburones en nuestras costas es una realidad, es fundamental entender que los ataques son extremadamente raros. De hecho, según el Archivo Internacional de Ataques de Tiburones (ISAF), la probabilidad de ser víctima de un ataque de tiburón es de 1 en 3.7 millones, mucho menor que la de sufrir un accidente automovilístico o incluso ser alcanzado por un rayo. Sin embargo, la tragedia de Alejandro nos impulsa a repasar las medidas de seguridad que pueden marcar la diferencia en un encuentro con estos animales.
Más allá del dolor y la consternación que ha generado este suceso, es vital que la información que se difunda sea precisa y no contribuya a la desinformación y al pánico. Es cierto que un esqueleto humano fue encontrado en la playa, pero asociarlo directamente con la desaparición de Alejandro, y más aún, atribuirlo a un ataque de tiburones sin una investigación exhaustiva, es precipitado y puede generar una imagen distorsionada de la realidad.
Los expertos del ISAF, con años de experiencia estudiando el comportamiento de los tiburones, insisten en la importancia de mantener la calma. El pánico, en estas situaciones, puede ser nuestro peor enemigo. Movimientos bruscos e impredecibles pueden ser interpretados por el tiburón como una amenaza, aumentando la posibilidad de un encuentro no deseado. En lugar de eso, lo recomendable es mantener el contacto visual con el animal, moverse lentamente y de forma controlada, y evitar darle la espalda.
En el caso específico de estar en aguas poco profundas, es vital buscar un punto de apoyo. Un arrecife, una roca, incluso un bote, puede servir como barrera y limitar los ángulos de ataque del tiburón. Imaginen la escena: apoyados en una estructura sólida, con los pies firmes en el suelo, observando al animal con calma y moviéndonos lentamente si es necesario. Esta postura nos brinda una mayor sensación de control y reduce la posibilidad de ser sorprendidos.
Si nos encontramos en aguas abiertas, la estrategia cambia. En este escenario, la unión hace la fuerza. Formar un círculo con nuestros compañeros, espalda con espalda, nos permite tener una visión de 360 grados y estar preparados ante cualquier movimiento del tiburón. Esta formación, además de ofrecer una mayor protección, transmite al animal una imagen de unidad y fuerza, lo que puede disuadirlo de acercarse.
Finalmente, es importante recordar que los tiburones son parte fundamental del ecosistema marino. Su presencia es un indicador de la salud de nuestros océanos. En lugar de verlos como una amenaza constante, debemos aprender a convivir con ellos y respetar su espacio. Informarnos adecuadamente, seguir las recomendaciones de los expertos y mantener la calma son las claves para disfrutar del mar de forma segura y responsable. La tragedia de Alejandro Cortez nos recuerda la importancia de la prevención y nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con el mundo natural.
Fuente: El Heraldo de México