27 de abril de 2025 a las 04:05
El Papa Francisco y el alegre escándalo mexicano.
Roma se ha vestido de luto, un manto de silencio y respeto ha cubierto la Ciudad Eterna. La partida del Papa Francisco ha dejado un vacío palpable, un silencio que retumba en las piedras milenarias del Vaticano. Miles de peregrinos, como un río humano que fluye hacia la Plaza de San Pedro, han venido a despedir a Jorge Mario Bergoglio, el Papa que con su humildad y cercanía conquistó corazones en todo el mundo. El murmullo de las oraciones se mezcla con el susurro del viento, creando una atmósfera de profunda solemnidad. Se respira un aire de nostalgia, de despedida a una figura que trascendió las barreras del dogma y se convirtió en un símbolo de esperanza y unidad.
He tenido el privilegio, la enorme fortuna, de ser testigo cercano de estos días históricos. Como fotógrafo del Papa, he podido observar de cerca el ir y venir de las emociones, la intensidad de las miradas, la carga emotiva de cada gesto. En las audiencias, recuerdo la alegría del Papa al escuchar el español, el brillo en sus ojos cuando los mexicanos, con su característica alegría y fervor, entonaban la Guadalupana o el himno nacional. Decía que le gustaban los mexicanos porque eran escandalosos, una palabra que en su boca se convertía en sinónimo de vitalidad, de pasión, de entrega.
Durante estos seis años en Roma, he acumulado un tesoro invaluable: imágenes que capturan la esencia de Francisco, su cansancio, su enojo, su alegría, su profunda humanidad. Un libro que recoge estos momentos, un testimonio visual de mi diálogo silencioso con el Papa, tuvo la fortuna de llegar a sus manos. Recibir su firma, su bendición, un rosario… Un instante que guardaré por siempre en mi memoria.
La última misa fue un torbellino de emociones. No solo por la presencia de líderes mundiales como Donald Trump, Emmanuel Macron o los reyes de España, sino por un suceso casi mágico, un suspiro de despedida. Al finalizar la ceremonia, cuando el Cardenal rociaba el féretro con agua bendita e incienso, una suave brisa movió las páginas del Evangelio sobre el ataúd. La luz cambió, como si una nube hubiera cubierto el sol. Un fotógrafo a mi lado susurró: "Parece un aliento, el último suspiro del Papa". Una imagen poética, metafórica, que resume la profunda emoción de ese instante.
Roma se detuvo. Helicópteros, drones, carabineros, voluntarios, ambulancias… una ciudad en pausa, 200 mil almas mirando al Vaticano. Solo el Papa Francisco, con su autoridad moral, con su mensaje de amor y compasión, podía generar semejante impacto. Su partida deja un vacío inmenso, la pérdida de una voz que resonaba con fuerza en el mundo, una voz que nos recordaba la importancia de la humanidad, de la solidaridad, de la esperanza. Un legado que debemos honrar, un camino que debemos continuar.
Fuente: El Heraldo de México