27 de abril de 2025 a las 09:15
Divide y Vencerás: El Poder en Juego
La separación de poderes, piedra angular de la democracia moderna, se revela como un concepto mucho más complejo que una simple división. Si bien la idea de distribuir el poder para evitar su concentración se remonta a la antigüedad, su concreción en un sistema efectivo de pesos y contrapesos es un logro relativamente reciente. El modelo estadounidense, inspirado en parte por Montesquieu y su interpretación del sistema inglés, se convirtió en un referente a nivel mundial, incluyendo a México en sus inicios. Sin embargo, las realidades políticas y las adaptaciones históricas han moldeado de manera singular la aplicación de este principio en cada país.
La Constitución de los Estados Unidos de América, con su innovadora división horizontal (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y vertical (federalismo), junto con una flexible interrelación de funciones entre las ramas, sentó las bases para un sistema dinámico y adaptable. La posibilidad de que el Ejecutivo realice funciones legislativas a través de reglamentos, o que el Legislativo ejerza funciones judiciales en juicios políticos, demuestra una permeabilidad entre poderes que, si bien puede generar tensiones, también permite una mayor capacidad de respuesta a las circunstancias cambiantes.
México, adoptando inicialmente el modelo estadounidense, ha experimentado una evolución divergente. La facilidad para realizar reformas constitucionales, si bien puede ser vista como una virtud en términos de adaptabilidad, también ha dado lugar a una Constitución extensa y, en ocasiones, poco precisa. Esta laxitud normativa ha contribuido a un distanciamiento del modelo original, generando un sistema donde la división de poderes, aunque formalmente presente, se ve afectada por la realidad política.
Un elemento clave en el contexto mexicano es el presidencialismo. La histórica concentración de poder en la figura del Presidente de la República, con amplias facultades y escasos contrapesos efectivos, representa un desafío para la plena consolidación de la división de poderes. Si bien la existencia de órganos constitucionales autónomos buscaba fortalecer el equilibrio, las recientes controversias y reducciones en su número han generado nuevas interrogantes sobre su eficacia como contrapeso al poder presidencial.
La democratización en México se ve intrínsecamente ligada a la transformación de su régimen político. Fortalecer la división de poderes, no solo en la letra de la Constitución sino en la práctica política, es fundamental para un desarrollo democrático más completo. Esto implica no solo una revisión de las facultades presidenciales y el fortalecimiento de los otros poderes, sino también una cultura política que valore y respete la independencia y el equilibrio entre las diferentes instancias del Estado. El camino hacia una democracia más sólida requiere un compromiso constante con los principios que la sustentan, adaptándolos a las realidades y desafíos de cada momento histórico. La división de poderes, lejos de ser un concepto estático, debe ser un proceso dinámico en constante evolución, buscando siempre el equilibrio óptimo para el bienestar de la sociedad.
Fuente: El Heraldo de México