27 de abril de 2025 a las 09:15
Descubre Olac
Más allá del currículum, de los cargos públicos y de los logros profesionales, se encontraba un hombre fascinado por la belleza intrínseca de las gemas. Imaginen a Olac Fuentes Molinar, no en la solemnidad de una oficina gubernamental, sino en la modesta calidez de una fonda de la calle de La Paz, disfrutando de la auténtica cocina popular. Y después, con la misma pasión con la que se entregaba a la educación, recorriendo los pasillos de una tienda de piedras y gemas, examinando con su lupa cada ópalo, cada amatista, cada lapislázuli, cada cuarzo, como si descifrara en ellos los secretos de la tierra. Horas podía pasar conversando con el dueño, absorbiendo el conocimiento, dejándose seducir por el brillo y la historia que cada piedra guardaba. No era una simple colección, era una extensión de su ser, un reflejo de su profunda conexión con la historia, con la naturaleza, con la belleza en su forma más pura. En su hogar, estas gemas convivían con pilas de libros y revistas, atesoradas con el mismo fervor. La obsidiana y el granito, en particular, despertaban en él una fascinación especial, evocando las armas de los pueblos originarios, recordándole sus raíces, su historia.
Su erudición no se limitaba a las piedras. Dominaba el francés y el inglés, lenguas que le abrían las puertas a un universo de conocimiento. Recuerdo vívidamente cuando me preparaba para un viaje a Corea. Con la precisión que lo caracterizaba, me corrigió: "Vas a Choson," me dijo, utilizando el nombre antiguo de esa milenaria cultura peninsular. Me encomendó tareas específicas, demostrando su inagotable curiosidad y su visión global. A mi regreso, analizamos juntos los resultados, en una conversación enriquecedora que revelaba su mente analítica y su compromiso con la comprensión del mundo.
Su visión crítica del sindicalismo corporativista era otro aspecto fundamental de su personalidad. Si bien participó en el 'aggiornamento' de los ochenta, su impaciencia crecía ante los liderazgos que acercaban al magisterio al proyecto de Solidaridad. Su compromiso con la educación era puro, desprovisto de intereses políticos.
Olac estaba enamorado de la profesión docente, especialmente de la educación preescolar. Conversaba con las educadoras con un entusiasmo contagioso, maravillado por la capacidad del infante para absorber conocimiento y desarrollar su intelecto. Veía en cada niño una promesa, un futuro por construir.
Nuestra amistad se forjó durante su rectorado en la UPN, pero se consolidó cuando asumió la Subsecretaría de Educación Básica. Semanalmente, coordinábamos los avances en la impresión y distribución de los libros de texto, una tarea que abordaba con meticulosidad y un profundo sentido de responsabilidad.
Las portadas de los libros de texto, para él, representaban "la galería de arte más grande del mundo". Su favorita, la del libro de geografía que mostraba el ferrocarril de Veracruz en el puente de Metlac, pintado por José María Velasco en 1893, una imagen que encarnaba el progreso, la conexión y la belleza de México.
Las anécdotas son innumerables. Recuerdo nuestras charlas sobre John le Carré y "El Sastre de Panamá", su pasión por el cine francés… detalles que dibujan el perfil de un hombre culto, sensible, apasionado. Olac ya no está con nosotros. Este mayo, mes de los docentes, recordamos su partida, ocurrida hace justo un año. Su legado permanece vivo en la memoria de quienes tuvimos el privilegio de conocerlo y en el sistema educativo que ayudó a construir. Un hombre de profunda convicción, amante del conocimiento, de la belleza y de la educación. Un hombre que, más allá de los títulos y los cargos, encontró en las gemas, en los libros, en el arte y en la enseñanza, el verdadero sentido de su vida.
Fuente: El Heraldo de México