28 de abril de 2025 a las 02:35
Arbitraje polémico impulsa a Knicks en playoffs
La polémica arbitral del domingo ha desatado un auténtico terremoto en la NBA. La victoria de los Knicks, que les coloca a un paso de las semifinales de conferencia, ha quedado completamente eclipsada por la no señalización de una falta sobre Tim Hardaway Jr. en los últimos instantes del encuentro. La imagen de Josh Hart impactando el costado de Hardaway mientras este se elevaba para el triple, grabada a fuego en la retina de aficionados y analistas, recorre las redes sociales como la pólvora, alimentando un debate que trasciende el resultado deportivo.
Más allá de la indignación comprensible de los Pistons, que veían la posibilidad de igualar la serie a dos victorias por bando, este incidente pone sobre la mesa una cuestión fundamental: la influencia de los errores arbitrales en el devenir de la competición. ¿Se puede permitir que una decisión, por humana que sea, condicione de tal manera el destino de un partido, y potencialmente de una serie entera? La admisión pública del error por parte de David Guthrie, si bien es un gesto de honestidad poco común, no mitiga la frustración en Detroit ni resuelve el problema de fondo. ¿Qué habría sucedido si Hardaway hubiera tenido la oportunidad de lanzar esos tres tiros libres? ¿Estaríamos hablando de un empate a dos en la serie, con la eliminatoria totalmente abierta?
La respuesta, lamentablemente, se pierde en el terreno de la hipótesis. Lo que sí es una realidad palpable es el daño causado a la credibilidad de la competición. El fantasma de la duda se cierne sobre la NBA, y la sombra de la sospecha se proyecta, inevitablemente, sobre los Knicks, que se ven beneficiados, aunque de forma involuntaria, por esta controvertida decisión. Las declaraciones de Hart, reconociendo el contacto pero eludiendo pronunciarse sobre su legalidad, añaden aún más leña al fuego. "A veces las decisiones nos favorecen, a veces no", una frase que, en este contexto, suena a justificación insuficiente y que difícilmente calmará los ánimos en la ciudad del motor.
La NBA se enfrenta ahora a un dilema complejo. ¿Cómo recuperar la confianza perdida? ¿Cómo garantizar la imparcialidad de los arbitrajes en los partidos cruciales? La tecnología, con la revisión de jugadas, se ha convertido en una herramienta indispensable, pero como hemos visto, no es infalible. El factor humano, con sus aciertos y sus errores, sigue siendo determinante. Y en este caso, el error ha tenido un coste demasiado alto.
La serie, por supuesto, continúa. Los Knicks tienen la oportunidad de cerrar la eliminatoria en el quinto partido, pero la presión sobre ellos será enorme. Jugarán con la losa de la polémica a sus espaldas, bajo la atenta mirada de una afición rival herida y de una liga que necesita, con urgencia, recuperar la credibilidad. Mientras tanto, en Detroit, la decepción es inmensa. La sensación de injusticia se mezcla con la impotencia, y la herida, sin duda, tardará en cicatrizar. La polémica del domingo, más allá del resultado deportivo, abre un debate crucial sobre el futuro del arbitraje en la NBA, un debate que, con toda seguridad, seguirá dando que hablar durante mucho tiempo. El incidente, además, pone de manifiesto la fragilidad del deporte profesional, donde una decisión, en cuestión de segundos, puede cambiar el curso de la historia. Y en este caso, la historia, sin duda, ha dejado un sabor amargo.
Fuente: El Heraldo de México