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26 de abril de 2025 a las 09:15

Silencio Internacional: ¿Complicidad?

La sombra de Chamberlain se alarga sobre Europa. Ochenta y cinco años después, el fantasma de la apaciguamiento vuelve a rondar los pasillos del poder, mientras el eco de las botas rusas resuena en Ucrania. ¿Estamos condenados a repetir los errores del pasado? La propuesta de Trump, que Rusia se quede con Crimea como una “gran concesión”, no solo es un insulto a la inteligencia, sino una peligrosa reminiscencia de la cesión de los Sudetes a Hitler. ¿Acaso no aprendimos nada de la historia? ¿De verdad creemos que saciar la sed de un tirano con un trozo de tierra ajena aplacará su apetito voraz?

El argumento es escalofriantemente familiar: ceder un territorio "poco importante" para mantener la paz. Pero, ¿a qué precio? La historia nos enseña que la paz construida sobre la injusticia es una paz frágil, destinada a romperse. El apaciguamiento no detiene la agresión, la alimenta. Le da alas al agresor, le confirma que la comunidad internacional es débil, dividida, y que puede salirse con la suya. Y mientras tanto, la víctima, Ucrania en este caso, paga el precio de la cobardía ajena.

El reciente ataque con misiles y drones, que dejó un rastro de muerte y destrucción, es la prueba irrefutable de que Putin no busca la paz, sino la conquista. Un "cese al fuego" que se rompe con la brutalidad de la noche, un cese al fuego que sirve de cortina de humo para rearmarse y volver a atacar. ¿Cómo podemos, entonces, hablar de concesiones? ¿Cómo podemos siquiera considerar premiar al agresor con el botín de guerra?

La postura tibia de algunos líderes mundiales es desconcertante. El delicado equilibrio diplomático no puede ser sinónimo de inacción. Apoyar verbalmente a Zelensky mientras se le presiona para que acepte términos inaceptables es una traición a los principios democráticos que dicen defender. La integridad territorial de Ucrania no es negociable. No podemos permitir que el miedo a Putin, el miedo a una escalada del conflicto, nos paralice. La inacción es cómplice. El silencio es mortal.

La propuesta de Trump, además de inmoral, es estratégicamente desastrosa. Dividir a Europa, debilitar la OTAN, fortalecer a Rusia… ¿es este el legado que queremos dejar a las futuras generaciones? La seguridad y estabilidad que hemos disfrutado durante décadas están en juego. No podemos permitir que el oportunismo político y la miopía estratégica nos cieguen ante el peligro que se cierne sobre nosotros.

La pregunta no es si Europa demandará respeto para la integridad territorial de Ucrania, sino cuándo lo hará con la firmeza necesaria. La pregunta no es si se alcanzará un acuerdo de paz, sino si ese acuerdo será justo y duradero, o simplemente una pausa antes de la siguiente tormenta. La historia nos observa. Nuestras decisiones de hoy determinarán el futuro de mañana. No podemos permitir que la sombra de Chamberlain vuelva a oscurecer el horizonte de Europa.

El mundo necesita líderes valientes, líderes que se atrevan a llamar al agresor por su nombre, líderes que no se dejen intimidar por las amenazas de un tirano. Necesitamos líderes que defiendan los principios democráticos, la justicia internacional y la dignidad humana. Necesitamos líderes que estén a la altura del desafío. El tiempo se agota.

Fuente: El Heraldo de México