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26 de abril de 2025 a las 21:50

México despide al Papa con un último regalo.

La imagen del papamóvil, blanco e imponente, transportando el féretro del Papa Francisco resonará en la memoria colectiva por mucho tiempo. Un vehículo que, en su silenciosa solemnidad, narró una historia de conexiones inesperadas, uniendo a México y al Vaticano en un último adiós. ¿Quién hubiera imaginado que la camioneta Dodge Ram, obsequio del gobierno mexicano en 2017 para conmemorar los 25 años de relaciones diplomáticas, se convertiría en el último transporte terrenal del Sumo Pontífice? Este gesto, inicialmente protocolario, adquiere ahora una profunda carga simbólica, representando el lazo indisoluble entre dos naciones unidas por la fe.

El eco de las palabras de Francisco durante su visita a México en 2016, donde a bordo de ese mismo papamóvil llamó a construir puentes y no muros en la histórica misa binacional en la frontera con Estados Unidos, resuena con aún mayor fuerza. Su mensaje de unidad y fraternidad, tan relevante entonces, se convierte ahora en un legado imborrable, un testamento espiritual que trasciende fronteras y credos. La imagen del Papa Francisco recorriendo las calles mexicanas en ese vehículo, saludando a la multitud con su característica humildad, contrasta con la solemnidad del último viaje, pero ambas escenas comparten la misma esencia: la cercanía con el pueblo.

El recorrido de cuatro kilómetros por las calles de Roma, pasando frente al Coliseo y los Foros Imperiales, se convirtió en una procesión multitudinaria, un río humano de 400,000 almas despidiendo a su pastor. Desde la Plaza de San Pedro hasta los rincones más alejados de la capital italiana, el silencio y el respeto se entremezclaron con aplausos y porras, una expresión espontánea de cariño y admiración. Ese silencio, denso y cargado de emoción, se hizo aún más profundo al llegar a la Basílica de Santa María la Mayor, un templo majestuoso que data del siglo V, en el corazón de Roma. Allí, en la intimidad de una ceremonia reservada, se llevó a cabo el sepelio, un momento de recogimiento y oración que marcó el final de una era.

La elección de Santa María la Mayor como lugar de descanso eterno del Papa Francisco no es casual. Esta basílica, una de las cuatro principales de Roma, guarda una profunda conexión con la historia del cristianismo y alberga importantes reliquias. Es un lugar de profunda significación espiritual, un espacio sagrado que ahora custodiará los restos mortales de un hombre que dedicó su vida al servicio de Dios y la humanidad.

A partir del domingo, la tumba del Papa Francisco estará abierta al público, convirtiéndose en un lugar de peregrinaje para fieles de todo el mundo. Miles de personas acudirán a rendir homenaje a un líder espiritual que dejó una huella imborrable en la historia de la Iglesia Católica. La Dodge Ram, el papamóvil que lo acompañó en vida y en su último viaje, quedará en la memoria colectiva como un símbolo de unión entre naciones y un recordatorio del mensaje de paz y fraternidad que Francisco predicó incansablemente. Su legado, como las piedras milenarias de Roma, perdurará a través del tiempo.

Fuente: El Heraldo de México