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26 de abril de 2025 a las 09:10

Francisco: El Papa cercano

El eco de sus pasos aún resuena en los pasillos vaticanos. La sencillez de su sotana blanca, casi palpable en la memoria de quienes lo vieron, contrasta con la magnitud de su legado. Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco, ha dejado una huella imborrable, no solo en la Iglesia Católica, sino en el corazón de la humanidad. Su partida ha generado una ola de conmoción global, una tristeza profunda teñida de gratitud por un hombre que, desde la humildad, transformó la percepción de la fe y el liderazgo espiritual.

Más allá de los muros del Vaticano, en las plazas y calles donde resonaba su voz, se respira un aire de nostalgia. Miles de peregrinos, rostros marcados por la emoción, han acudido a despedir al pastor que les tendió la mano, al pontífice que abrazó la marginalidad y la convirtió en el centro de su mensaje. No son solo católicos, sino personas de diversas creencias, agnósticos e incluso ateos, quienes reconocen en Francisco una figura trascendental, un faro de esperanza en un mundo convulsionado.

Su pontificado, desde el primer día, fue un soplo de aire fresco. La elección de un nombre inédito, cargado de simbolismo franciscano, presagiaba una nueva era. Francisco rompió con protocolos y formalismos, optando por la cercanía y la austeridad. Su residencia en la Casa Santa Marta, en lugar del opulento Palacio Apostólico, fue un gesto elocuente de su deseo de vivir en comunión con la gente común, de compartir sus alegrías y sus penas.

La imagen del Papa lavando los pies de los presos, abrazando a los enfermos, compartiendo la mesa con los pobres, se ha grabado en la retina colectiva. Francisco nos enseñó que la verdadera grandeza reside en el servicio, en la compasión, en la capacidad de tender puentes en lugar de muros. Su mensaje resonó con fuerza en un mundo fracturado por la desigualdad, la violencia y la indiferencia.

Su compromiso con la justicia social, su defensa de los migrantes, su llamado a la paz y al diálogo interreligioso, lo convirtieron en una voz profética en el escenario internacional. No dudó en alzar la voz contra las injusticias, denunciar la corrupción y exigir el respeto a la dignidad humana. Su encíclica Laudato Si', un llamado a la protección del medio ambiente, se convirtió en un referente para la lucha contra el cambio climático.

Pero su legado no se limita a las palabras. Francisco impulsó reformas significativas dentro de la Iglesia, abordando temas sensibles como el abuso sexual, la transparencia financiera y el rol de la mujer. Su llamado a la sinodalidad, a una Iglesia más participativa y escuchadora, abre caminos de renovación y esperanza.

La pregunta que ahora se plantea es: ¿qué rumbo tomará la Iglesia tras la partida de Francisco? ¿Se consolidarán sus reformas o se impondrán las resistencias conservadoras? El cónclave que se avecina será crucial para definir el futuro de la institución. Lo que es innegable es que el legado de Francisco, su ejemplo de humildad, compasión y compromiso con la justicia, seguirá iluminando el camino de millones de personas en todo el mundo. Su voz, aunque ya no se escuche físicamente, resonará por siempre en la conciencia de la humanidad. Un eco persistente que nos invita a construir un mundo más justo, fraterno y solidario.

Fuente: El Heraldo de México