26 de abril de 2025 a las 09:15
El regreso de la corrupción
La sombra de la corrupción se cierne sobre México nuevamente, como un eco fantasmal de un pasado que se niega a desaparecer. La Ley de Herodes, aquella sátira mordaz que nos hizo reír con un nudo en la garganta, parece haber mutado, transformándose en una realidad grotesca, una tragicomedia surrealista donde la ciudadanía, una vez más, se encuentra atrapada en un laberinto de absurdos. La reforma judicial, con sus promesas de justicia y transparencia, ha parido un monstruo burocrático que devora la esperanza y escupe cinismo.
Nos encontramos en el umbral de una nueva elección, una elección crucial para el futuro del país, donde se decidirá el destino de la Suprema Corte, ese último bastión contra la tiranía. Pero las reglas del juego, diseñadas con la precisión de un relojero perverso, han convertido el proceso en una farsa. Candidatos amordazados, incapaces de comunicar sus propuestas a la ciudadanía, condenados a la invisibilidad por topes presupuestarios ridículos, mientras que las arcas del Estado se desangran en una campaña presidencial opulenta y estridente. ¿Cómo podemos, los ciudadanos, ejercer nuestro derecho al voto de manera informada si se nos niega el acceso a la información? ¿Cómo podemos distinguir entre la honestidad genuina y la máscara del oportunismo si todos los candidatos se presentan con el mismo discurso vacío, la misma cantinela de promesas huecas?
La respuesta, por supuesto, es que no podemos. Nos han convertido en títeres, en extras de una película barata, cuya única función es validar una farsa electoral. Nos han arrebatado nuestro papel protagónico en la democracia, transformándonos en meros espectadores pasivos de un espectáculo grotesco. Y mientras tanto, el erario público, nuestro dinero, se dilapida en una pantomima que cuesta miles de millones de pesos.
Pero la indignación no basta. La apatía es cómplice. No podemos permitir que la historia se repita una y otra vez, condenándonos a un ciclo interminable de corrupción e impunidad. Debemos alzar la voz, exigir transparencia, demandar información. Debemos ejercer nuestro derecho a conocer a los candidatos, a escudriñar sus trayectorias, a cuestionar sus propuestas. Debemos convertirnos en fiscales implacables de la verdad, en guardianes celosos de la democracia.
La movilización ciudadana es la única arma que tenemos contra la maquinaria de la manipulación. Debemos vigilar el proceso electoral, denunciar las irregularidades, exigir que se respeten las reglas del juego. No podemos permitir que el azar, la desinformación y la inequidad decidan el futuro de la justicia en México.
El futuro de nuestro país está en juego. No podemos permitir que nos condenen a la ignorancia, a la indiferencia, a la complicidad. Debemos romper las cadenas del silencio y exigir que se nos trate como ciudadanos, no como extras de una película barata. El poder del voto reside en la información. Exijamos nuestro derecho a saber. Exijamos nuestro derecho a decidir. No nos conformemos con ser espectadores pasivos. Seamos protagonistas de nuestro propio destino. Reclamemos el México que nos merecemos. Un México donde la justicia no sea una farsa, sino una realidad.
Fuente: El Heraldo de México