26 de abril de 2025 a las 14:20
Adiós al Papa de los Pobres
El eco de las palabras del Cardenal Re aún resonaba en la Plaza de San Pedro, "los últimos de la tierra, los marginados", una frase que encapsulaba a la perfección el pontificado de Francisco. Mientras el papamóvil, esa imagen tan familiar de cercanía y humildad, se abría paso entre la multitud, no solo llevaba un féretro, sino el peso de un legado construido sobre la compasión y la justicia social. El recorrido, una procesión lenta y solemne a través de la Ciudad Eterna, se convertía en un último adiós a un pastor que eligió estar entre su rebaño, un peregrino más en el camino de la vida. El Coliseo, testigo silencioso de la historia, y los Foros Imperiales, eco de un pasado glorioso, parecían inclinarse ante el paso del pontífice que había abrazado la modernidad sin renunciar a la esencia del mensaje cristiano.
La imagen de Trump, presente en el funeral, contrastaba con la firme postura de Francisco ante las políticas migratorias de Estados Unidos. Un recordatorio de que la voz del papa trascendía las fronteras políticas y se alzaba en defensa de los desamparados, sin importar las consecuencias. Su crítica a la expulsión de migrantes, semanas antes de su partida, resonaba con la fuerza de la coherencia, una coherencia que marcó cada uno de sus actos. La alabanza de Trump, "un hombre fantástico", se teñía de ironía ante la evidente discrepancia ideológica, un testimonio más del impacto global del mensaje de Francisco.
La guerra en Ucrania, un conflicto que desgarraba el corazón de Europa, fue otro de los temas centrales del pontificado. El llamado a la paz, a la negociación y a la sensatez, se repetía como un mantra en sus discursos. Un llamado que, en el contexto del funeral, adquiría una nueva dimensión, una súplica póstuma por un mundo más justo y fraterno. El encuentro entre Trump y Zelenski, al margen de las exequias, subrayaba la complejidad del escenario internacional y la necesidad de diálogos que pudieran conducir a la reconciliación.
La multitud congregada en la Plaza de San Pedro, una marea humana llegada de todos los rincones del mundo, reflejaba el carisma y la influencia de Francisco. Desde Los Ángeles hasta Buenos Aires, pasando por la inesperada presencia de Julian Assange, cada uno de los presentes portaba su propia historia, su propia conexión con el papa. La frase de Andrea Ugalde, "no fue solo el papa, fue la definición de lo que es un ser humano", resumía el sentir de muchos, la percepción de un líder espiritual que trascendía el ámbito religioso para convertirse en un referente ético y moral.
La capilla ardiente, durante tres días, fue un flujo constante de agradecimiento y respeto. La presencia de líderes mundiales, desde Javier Milei hasta los reyes de España, confirmaba la estatura internacional de Francisco. Pero más allá de los protocolos y las formalidades, era la emoción de la gente común, la lágrima silenciosa, el rezo susurrado, lo que verdaderamente honraba la memoria del pontífice.
El regreso a Santa María la Mayor, a miles de kilómetros de su Buenos Aires natal, cerraba un círculo. La sencillez de la tumba, con la única inscripción "Franciscus", se convertía en un símbolo de la humildad que caracterizó su vida. La rosa blanca en manos de los pobres, presos, migrantes y personas trans, una imagen cargada de simbolismo, representaba el abrazo incondicional de Francisco a los marginados. El Rogito, ese obituario que repasaba su vida, se convertía en un testamento espiritual, un legado de amor y servicio.
La ausencia de Francisco dejaba un vacío inmenso, pero también una semilla de esperanza. El cónclave para la elección de su sucesor se presentaba como un nuevo capítulo en la historia de la Iglesia, un capítulo que, sin duda, estaría marcado por la influencia de aquel pastor que llegó "del fin del mundo" para recordarnos la importancia de la compasión, la justicia y la fraternidad.
Fuente: El Heraldo de México