24 de abril de 2025 a las 09:15
Dile adiós a la rutina: ¡Escápate!
La decisión de Jason Stanley de abandonar Estados Unidos resuena como un potente aldabonazo en la conciencia académica y política. Su partida, motivada por la creciente preocupación ante el avance de tendencias autoritarias, no es un caso aislado, sino un síntoma alarmante de un malestar más profundo que se extiende por el tejido intelectual del país. La erosión de las normas democráticas, los ataques a la libertad académica y la manipulación de la historia, que Stanley denuncia con vehemencia, no son meras abstracciones teóricas, sino realidades palpables que están transformando el panorama político estadounidense.
El paralelismo que traza Stanley entre la situación actual en Estados Unidos y el ascenso de regímenes autoritarios en otros países como Hungría, Turquía y Brasil es escalofriante. La historia, como él mismo argumenta en sus obras, no es un simple registro del pasado, sino un campo de batalla ideológico donde se dirime el futuro. La instrumentalización de la historia, la reescritura del pasado para adaptarlo a las narrativas del poder, es una táctica clásica de los regímenes autoritarios para controlar el presente y moldear el futuro a su imagen y semejanza. Al silenciar las voces disidentes, al restringir la libertad de pensamiento y al manipular la educación, estos regímenes buscan consolidar su poder y eliminar cualquier forma de oposición.
La salida de Stanley no es un acto de cobardía, sino una forma de resistencia. Al buscar refugio en un entorno académico más libre y abierto, en Canadá, Stanley no abandona la lucha, sino que se reposiciona para continuar su trabajo con mayor eficacia. Su voz, amplificada por la resonancia internacional de su partida, se convierte en un grito de alerta para aquellos que aún creen en la importancia de la libertad intelectual y la defensa de la democracia.
La comunidad académica estadounidense se encuentra en una encrucijada. La fuga de cerebros, provocada por la creciente hostilidad hacia el pensamiento crítico y la investigación independiente, amenaza con empobrecer el debate público y socavar los cimientos mismos de la democracia. La pregunta que queda en el aire es si la sociedad estadounidense será capaz de reaccionar a tiempo y revertir esta peligrosa tendencia antes de que sea demasiado tarde.
La advertencia de Stanley sobre el impacto que este clima político puede tener en las futuras generaciones es particularmente preocupante. Una sociedad que silencia a sus intelectuales, que restringe el acceso a la educación y que manipula la historia está condenada a repetir los errores del pasado. La formación de ciudadanos críticos, capaces de cuestionar el poder y de construir un futuro basado en el conocimiento y la razón, es esencial para la supervivencia de cualquier democracia.
La lucha por la democracia, como bien señala Stanley, no está limitada por la geografía. Su partida a Canadá no es un adiós, sino un hasta luego. Su voz, resonando desde el otro lado de la frontera, seguirá inspirando a aquellos que luchan por la libertad, la justicia y la verdad en todo el mundo. La batalla por la preservación de los valores democráticos es una lucha global, y la decisión de Stanley de continuar su trabajo desde un nuevo escenario es un recordatorio de que la resistencia no se rinde, sino que se adapta y se fortalece ante la adversidad.
Fuente: El Heraldo de México