24 de abril de 2025 a las 00:15
Ciudades Humanas: Urbanismo y Hospitalidad
Imaginemos una ciudad que nos abraza, que nos invita a recorrerla, no a sortearla. Una ciudad donde la movilidad no sea un suplicio, sino una danza fluida entre sus calles y avenidas. Una ciudad que respira hospitalidad, donde la accesibilidad universal no sea una promesa vacía, sino una realidad palpable en cada esquina, en cada rampa, en cada espacio público diseñado pensando en todos, sin exclusiones. Esta no es una utopía, es la ciudad que podemos construir si repensamos nuestro urbanismo desde la perspectiva de la hospitalidad.
La hospitalidad urbana va más allá de simples actos de cortesía. Se traduce en una planificación consciente que prioriza el bienestar de sus habitantes, entendiendo que una ciudad verdaderamente inclusiva es aquella que derriba las barreras arquitectónicas y sociales, permitiendo que cada persona, sin importar su condición, pueda desenvolverse con libertad y dignidad. Pensemos en los adultos mayores, en las personas con discapacidad, en los niños, en las familias. ¿Tienen las mismas oportunidades de disfrutar del espacio público? ¿Pueden acceder a los servicios con facilidad? ¿Se sienten seguros y bienvenidos en cada rincón de la ciudad?
En México, la vibrante diversidad cultural y social exige una planificación urbana aún más sensible y atenta a las necesidades de todos. No podemos seguir ignorando la brecha existente en materia de accesibilidad. Las cifras son alarmantes: un porcentaje mínimo de calles cuenta con rampas, mientras que la gran mayoría carece de ellas por completo. Esto no solo limita la movilidad de las personas con discapacidad, sino que las excluye de la vida social, económica y cultural de la ciudad. Es una deuda pendiente que debemos saldar con urgencia.
La hospitalidad urbana también se manifiesta en la creación de espacios públicos seguros e integradores, donde la convivencia sea un motor de desarrollo social. Plazas, parques y áreas verdes se convierten en puntos de encuentro, en oasis urbanos que fomentan la interacción entre diferentes generaciones y culturas. Imaginen un domingo por la tarde en un parque lleno de vida, donde niños juegan libremente, familias comparten un picnic, adultos mayores conversan bajo la sombra de los árboles. Esa es la imagen de una ciudad que abraza la hospitalidad.
Pero la hospitalidad urbana no se limita al espacio público. También implica repensar la distribución de la vivienda y los servicios. ¿Por qué millones de personas deben pasar horas atrapadas en el tráfico para llegar a sus trabajos o a sus hogares? La escasez de vivienda accesible en las zonas centrales obliga a miles de familias a vivir en la periferia, lejos de las oportunidades y de los servicios básicos. Esta segregación espacial no solo genera desigualdad, sino que también impacta negativamente en la calidad de vida de las personas.
Una ciudad hospitalaria es aquella que promueve la cercanía entre la vivienda, el trabajo y los servicios esenciales. Es aquella que invierte en transporte público eficiente y sostenible, que fomenta el uso de la bicicleta y que prioriza al peatón. Es aquella que planifica su crecimiento de manera ordenada y equilibrada, evitando la expansión descontrolada que consume áreas verdes y recursos naturales.
La sostenibilidad ambiental es otro pilar fundamental de la hospitalidad urbana. Una ciudad que se preocupa por el bienestar de sus habitantes también se preocupa por el medio ambiente. Promover la creación de áreas verdes, impulsar el uso de energías renovables y fomentar prácticas de consumo responsable son acciones indispensables para construir un futuro sostenible.
En definitiva, la hospitalidad urbana es una visión integral que nos invita a repensar la forma en que diseñamos y habitamos nuestras ciudades. Es una apuesta por la inclusión, la equidad, la sostenibilidad y la calidad de vida. Es el camino hacia una ciudad más humana, más justa y más habitable para todos. No es un sueño imposible, es una realidad que podemos construir juntos, con compromiso y visión de futuro.
Fuente: El Heraldo de México