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19 de abril de 2025 a las 09:30

Reconstruyamos Acapulco Juntos

Acapulco, la joya del Pacífico, renace de entre las cenizas. Como el ave fénix, resurge con la fuerza y la tenacidad de su gente, de esos acapulqueños que llevan el sol y la alegría en la sangre. Recordamos con nostalgia aquellos días de esplendor, cuando las estrellas de Hollywood se paseaban por sus calles, cuando el jet set internacional se deslumbraba con la belleza de sus playas y la magia de sus noches. Desde las humildes literas cerca de La Quebrada hasta las suites de lujo del Villa Vera, Acapulco abrazaba a todos por igual, ofreciendo un refugio de ensueño bajo el cielo estrellado.

El eco de las risas y la música aún resuena en los rincones de lugares emblemáticos como El Mirador, Caleta, Majestic, Papagayo, Pierre Marques y Las Brisas. Hoteles que fueron testigos del romance, la alegría y la esperanza que se respiraba en cada rincón del puerto. Un Acapulco que creció bajo la mirada visionaria de presidentes como Miguel Alemán, quien impulsó su proyección internacional, y Díaz Ordaz, quien convirtió al Fuerte de San Diego en el escenario de los festivales cinematográficos más importantes de la época, gracias a la labor incansable de Mario Moya Palencia.

El Plan Acapulco, concebido durante la presidencia de Luis Echeverría y liderado por el arquitecto Pedro Moctezuma, transformó la costera y dio vida al Centro de Convenciones, atrayendo inversiones que dieron paso a gigantes hoteleros como el Acapulco Princess y el Hyatt Internacional. La noche acapulqueña brillaba con la energía de las discotecas, desde el pionero Tequila a Go Go hasta el icónico Baby'O, pasando por el Bocaccio, el Tiberius y el elegante Armando's Le Club.

La historia de Acapulco es una historia de contrastes, de luces y sombras. El brillo del diamante se opacó con la llegada de Otis, la fuerza destructora que dejó a su paso un panorama desolador. Yachts destrozados, restaurantes en ruinas y edificios dañados fueron el testimonio de la furia de la naturaleza. Pero Acapulco no se rindió.

Un año y medio después, la ciudad se levanta con el ímpetu de su gente y el apoyo invaluable de la clase media nacional, que regresa a disfrutar de sus encantos. Las fiestas litúrgicas, la alegría innata del mexicano y la belleza imperecedera del puerto, son el motor de este renacimiento.

Sin embargo, la sombra de la inseguridad y la violencia aún acecha. El crimen organizado se ha infiltrado en las estructuras sociales y económicas, representando un obstáculo para el desarrollo pleno de Acapulco. Es imperativo que la Federación intervenga con firmeza y determinación para erradicar este mal que amenaza con opacar el futuro del puerto.

La reconstrucción de Acapulco es una tarea que requiere la participación de todos. Los propietarios, especialmente aquellos que poseen lujosas residencias en Punta Diamante, deben asumir su responsabilidad y contribuir activamente al resurgimiento de la zona. El abandono de lugares como "La Isla" es un reflejo de la apatía que no podemos permitirnos.

Los gobiernos federal, estatal y municipal tienen la obligación de trazar un plan maestro de desarrollo que priorice la seguridad y el bienestar de la comunidad. Un plan que promueva la inversión, genere empleos y devuelva a Acapulco el esplendor que lo caracterizó. Es momento de unir fuerzas, de trabajar juntos para que Acapulco vuelva a brillar con la intensidad del sol que baña sus playas. ¡Todos a la reconstrucción de Acapulco!

Fuente: El Heraldo de México