19 de abril de 2025 a las 09:30
Descubre el secreto de las Islas Marías
El turismo, motor económico de México, se ve amenazado por la sombra de la 4T. No se trata de una opinión aislada, sino de una realidad palpable que se evidencia en proyectos como el Tren Maya, una cicatriz en el corazón de la selva, con más de 10 millones de árboles talados a su paso. A esto se suma la aerolínea Mexicana, un avión que no logra despegar financieramente, y un aeropuerto que, hasta el momento, no ha justificado su existencia. Y ahora, las Islas Marías, el último capricho turístico de López Obrador, se suma a la lista de fracasos.
A 112 kilómetros de las costas de Nayarit, las Islas Marías se presentan como un destino inaccesible, un paraíso perdido en el mar, al que solo se puede llegar por vía marítima tras cinco horas de travesía desde San Blas. La idea de convertir este antiguo penal en un centro vacacional sonaba prometedora, pero la administración lopezobradorista, una vez más, ignoró la importancia de la planificación y los estudios de mercado. Anunciaron y promovieron un destino sin tener una idea clara de cómo hacerlo atractivo, sin considerar los costos de infraestructura necesarios para su desarrollo.
La falta de una estrategia sólida, la ausencia de estudios de negocio, son el común denominador de los proyectos fallidos de la 4T. Las ocurrencias y los caprichos no pueden sustituir la planificación y el análisis. En el caso de las Islas Marías, se proyectaba una afluencia de 21 mil turistas al año, una cifra que contrasta con la realidad: menos de 4 mil visitantes, apenas un 20% de lo esperado. La falta de acceso aéreo, la historia del lugar como prisión, son factores que desincentivan el turismo. Obstáculos que se habrían previsto con un simple estudio de mercado.
Existen en el mundo destinos turísticos exitosos sin acceso aéreo, antiguas prisiones convertidas en atractivos turísticos. Pero las Islas Marías carecen de la infraestructura necesaria para compensar sus desventajas. Se necesita un elemento diferenciador, un atractivo único que justifique la visita. ¿Debía ser un destino histórico, enfocado en el pasado como prisión? ¿Un paraíso ecológico, destacando sus especies endémicas? ¿O quizás un refugio de playas vírgenes? Su ubicación geográfica la convertía en una opción ideal para el turismo de aventura, pero esto requiere inversiones en infraestructura especializada, algo que ni la 4T ni las Fuerzas Armadas consideraron.
Quizás López Obrador buscaba emular a Luis Echeverría y su proyecto en Cancún. Pero la diferencia radica en la planificación. Echeverría contó con estudios previos, con el apoyo del sector turístico, con inversiones en infraestructura, hoteles, servicios y una estrategia publicitaria efectiva. En las Islas Marías, se invirtieron 1,680 millones de pesos solo en rehabilitación. ¿No habría sido mejor invertir ese dinero en rescatar Acapulco? El proyecto de las Islas Marías, con un potencial enorme, se convirtió en otro fracaso millonario.
Y hay un detalle aún más oscuro en esta historia: el Grupo Constructor Banderaz, empresa fantasma con un historial de corrupción en México y Perú, estuvo a cargo del proyecto. Una vez más, los contribuyentes pagamos las consecuencias de la mala gestión y la corrupción, mientras otras necesidades urgentes del país quedan desatendidas. Un recordatorio de que la improvisación y la opacidad son un cóctel peligroso para el desarrollo del turismo y del país en general.
Fuente: El Heraldo de México