18 de abril de 2025 a las 09:15
PRONAM: Salud Pública para una República Fuerte
La desgarradora imagen que pintan Payá y Bracamonte sobre los pacientes del Servicio de Medicina Interna nos confronta con una realidad brutal: la de un sistema de salud que ha fallado a los más vulnerables. No se trata simplemente de "pacientes crónicos degenerativos", sino de personas, seres humanos, cuyas vidas han sido erosionadas por la pobreza, el abandono y la falta de acceso a una atención médica digna. La frase "si no salgo a vender, no como doctor" resume la tragedia de tener que elegir entre la salud y la supervivencia, una elección que nadie debería tener que hacer. Este escenario, donde una simple infección puede llevar a la amputación de un miembro, es la consecuencia directa de un modelo neoliberal que mercantilizó la salud, relegando a miles a un "subterráneo social" donde la atención médica se convierte en un lujo inalcanzable.
La transformación de este panorama desolador requiere un cambio radical de perspectiva, un enfoque que priorice la salud como un derecho fundamental y no como una mercancía. El proyecto de Nación presentado por la Presidenta Claudia Sheinbaum, con sus Cien Compromisos de Gobierno y la República Sana como uno de sus pilares, se presenta como una respuesta a esta necesidad urgente. La modernización de los Protocolos Nacionales de Atención Médica (PRONAM), con su énfasis en la atención primaria y la prevención de enfermedades crónicas no transmisibles, es un paso crucial en esta dirección. La homologación de criterios para el diagnóstico y tratamiento de enfermedades como la diabetes, la hipertensión y la obesidad, permitirá una atención más eficaz y equitativa en todo el país, tanto en el sector público como en el privado.
Sin embargo, la publicación de protocolos y la construcción de hospitales, aunque esenciales, no son suficientes. La verdadera transformación requiere un abordaje integral que ataque las raíces de la desigualdad y la exclusión. El Programa de cuidados desde los primeros 1,000 días de vida, por ejemplo, reconoce la importancia de la atención temprana para el desarrollo integral de los niños y niñas, sentando las bases para una vida saludable. La inclusión de exámenes de laboratorio en los centros de salud acerca los servicios de diagnóstico a las comunidades, facilitando la detección temprana de enfermedades y evitando complicaciones.
La lucha contra la obesidad, la hipertensión y la diabetes requiere, además de la atención médica, una estrategia de promoción de la salud que involucre a las escuelas, los centros de trabajo y los espacios públicos. La educación para la salud, la promoción de estilos de vida saludables y el acceso a alimentos nutritivos son elementos fundamentales para prevenir estas enfermedades y mejorar la calidad de vida de la población.
La consolidación del IMSS-Bienestar, la creación de Farmacias para el Bienestar y la modernización de hospitales y centros de salud son piezas clave en la construcción de un sistema de salud universal, accesible y de calidad. Estas acciones, junto con la inauguración de nuevas unidades médicas, demuestran un compromiso concreto con la expansión y el fortalecimiento de la infraestructura de salud en todo el territorio nacional.
El camino hacia una República Sana no es sencillo, pero los Compromisos 41 al 47 del Plan Nacional de Desarrollo marcan una ruta clara y ambiciosa. La salud, como bien señalan Valencia Gómez y Ortiz Medina, es la base de la estabilidad biosocial de una nación. Un país sano es un país donde las personas pueden ejercer sus derechos y libertades sin el peso de la enfermedad y la precariedad. El reto es grande, pero la voluntad política y la participación de la sociedad en su conjunto son las claves para alcanzar esta meta. La República Sana no es solo un anhelo, es un derecho que debemos construir entre todos.
Fuente: El Heraldo de México