17 de abril de 2025 a las 12:10
Encuentro infantil con Jesús en Capultitlán
En el corazón de Capultitlán, al sur de Toluca, la Semana Santa vibra con una energía única, un palpitar de tradición que se remonta a más de un siglo. No se trata de procesiones solemnes ni de representaciones teatrales convencionales, sino de una búsqueda, una indagación infantil que llena las calles de un eco peculiar: el silbido de Malco, El Espía, y el clamor de decenas de niños que lo acompañan.
Imaginen la escena: el viernes y el domingo previos al Viernes Santo, Javier Mora, el hombre detrás de la máscara de Malco, emerge de su hogar transformado. Ataviado con ropas que evocan la España de antaño, capa ondeando al viento y un silbato colgando del cuello, monta su caballo. A su alrededor, una multitud de pequeños jinetes en bicicleta, triciclos, carritos y motos, ansiosos por unirse a la singular cacería. Javier, con la autoridad que le confiere el personaje, inicia la marcha. El silbato, su herramienta principal, lanza al aire un agudo llamado que resuena en cada esquina.
“¿Dónde estás Jesús?”, gritan las voces infantiles, uniéndose al silbido de Malco en una sinfonía improvisada que se propaga por las calles. La búsqueda no es en vano; los vecinos, cómplices en este juego de fe y tradición, responden al llamado. Un silbido fuerte que va apagándose lentamente indica la dirección, una pista para continuar la búsqueda. Así, entre gritos, risas y el incesante silbar, Malco y su séquito recorren Capultitlán, orientándose por los ecos que responden a su llamado.
Para Javier, representar a El Espía no es simplemente ponerse un disfraz. Es una responsabilidad, una herencia familiar que lleva con orgullo y emoción. Desde hace 15 años se prepara física, emocional y espiritualmente para este papel, una tarea que le llena de energía y que considera un honor. La semilla de esta pasión fue plantada en su infancia, cuando veía a su padre interpretar al personaje. Los niños de entonces, al verlo pasar, exclamaban: "¡Ahí va el hijo de El Espía!". Esas palabras resonaron en su interior, alimentando el deseo de seguir los pasos de su progenitor. Su hermano no mostró interés en continuar la tradición, pero para Javier, la idea de convertirse en El Espía se arraigó profundamente, convirtiéndose en una parte esencial de su identidad.
La tradición de Malco, El Espía, es única en Toluca. No existe otra delegación que celebre la Semana Santa de esta manera tan singular. Consciente de la importancia de su papel, Javier no solo busca mantener viva la llama de esta tradición, sino también avivarla, asegurándose de que siga creciendo y arraigándose en el corazón de Capultitlán. Es un legado que pasa de generación en generación, un testimonio de fe y un recordatorio de que, incluso en los tiempos modernos, las tradiciones más entrañables pueden encontrar la manera de perdurar, encarnadas en la figura de un hombre a caballo, un silbato y un grupo de niños que buscan a Jesús en cada esquina.
Fuente: El Heraldo de México