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14 de abril de 2025 a las 21:30
Silveti: Corridas CDMX, ¿prohibición disfrazada?
La sombra de la prohibición se cierne sobre la fiesta brava en la Ciudad de México, y la voz de Diego Silveti, figura destacada del toreo, se alza en defensa de una tradición de siglos. Silveti denuncia que las modificaciones implementadas por el gobierno capitalino, bajo el pretexto de combatir la violencia, son en realidad una forma velada de prohibicionismo que atenta contra los derechos de aficionados, toreros, empresarios y ganaderos. Una tradición de más de 500 años, arraigada en la identidad y la cultura mexicana, se encuentra en peligro, argumenta el matador.
Las nuevas regulaciones, que buscan eliminar la violencia en las corridas, son vistas por Silveti como un golpe mortal a la esencia misma de la tauromaquia. ¿Qué torero, se pregunta, querrá participar en una corrida desprovista de su dramatismo tradicional? ¿Qué empresario o ganadero invertirá en la cría de un toro bravo si no puede ser lidiado en su plenitud? La respuesta, según Silveti, es clara: ninguno. El resultado inevitable de estas medidas será la desaparición del toro bravo, un animal único, genéticamente distinto, criado y seleccionado a lo largo de generaciones para la lidia. Con él, se perderán también las vastas extensiones de tierra dedicadas a su crianza, un ecosistema completo que gira en torno a este magnífico animal. Y, finalmente, se extinguirá la fiesta brava, desde Tijuana hasta Mérida, dejando un vacío irreparable en el panorama cultural de México.
Silveti hace un llamado a la conciencia del aficionado taurino. Es crucial, afirma, que los amantes de la fiesta se movilicen y demuestren a las autoridades que estas medidas no son una simple regulación, sino una prohibición encubierta que acabará con una tradición centenaria. Es fundamental comprender la singularidad del toro bravo, un animal que no puede ser comparado con una mascota doméstica. Su genética, su comportamiento, su bravura, son el resultado de una cuidadosa selección orientada a la lidia. No se trata de un animal que pueda vivir en un departamento, como un gato o un perro. Su destino, su razón de ser, está intrínsecamente ligado a la tauromaquia.
La polémica está servida. Mientras algunos aplauden las medidas como un avance en la protección animal, otros, como Diego Silveti, las ven como un ataque a la libertad cultural y una amenaza a la supervivencia de una tradición profundamente arraigada en la historia de México. El debate sobre la tauromaquia, su legitimidad y su futuro, continúa abierto. El tiempo dirá si las voces que defienden esta tradición logran ser escuchadas o si, por el contrario, el telón cae definitivamente sobre la fiesta brava.
Fuente: El Heraldo de México