8 de abril de 2025 a las 09:15
Sigue igual. ¿Y ahora qué?
La conquista de las Galias, narrada con maestría por el propio Julio César, nos revela una estrategia tan antigua como efectiva: la división. Más allá de la brillantez militar, César demostró una aguda capacidad de observación, un entendimiento profundo de la psicología social que le permitió desmantelar a sus enemigos desde adentro. Analizando la estructura social de las tribus galas, divididas en nobleza, druidas y pueblo, César supo identificar los puntos de fractura, las líneas de tensión que podía explotar a su favor. No se trataba simplemente de fuerza bruta, sino de una disección precisa de la sociedad, una manipulación de las ambiciones y los resentimientos que latían bajo la superficie.
Su estrategia se basó en enfrentar a las élites entre sí, alimentando rivalidades y ofreciendo prebendas a cambio de lealtades. Al mismo tiempo, manipulaba al pueblo, azuzando su descontento y canalizando su frustración hacia los objetivos que él mismo designaba. Pero la genialidad de César residía también en comprender el potencial peligro de una unidad nacional. Identificó en los druidas, guardianes de la espiritualidad y la educación, la semilla de una posible cohesión que podría frustrar sus planes. Por ello, la neutralización de esta casta sacerdotal se convirtió en una prioridad, integrándolos a su red de influencias o, en caso necesario, silenciándolos.
Lo sorprendente, y a la vez preocupante, es la vigencia de esta táctica a lo largo de la historia. A más de dos milenios de distancia, seguimos presenciando la misma estrategia de división en nuestros tiempos. En México y en muchos otros países, vemos cómo se construyen narrativas que fragmentan a la sociedad, que magnifican las diferencias y alimentan la polarización. Se incentiva la confrontación entre grupos, se manipula la opinión pública a través de medios de comunicación y redes sociales, y se busca el apoyo o la condena popular como herramienta de presión.
La clase intelectual, los formadores de opinión, aquellos que influyen en el pensamiento y las emociones de la sociedad, se convierten en piezas clave de este juego. Son cortejados, cooptados o, en el peor de los casos, silenciados, dependiendo de su alineamiento con el poder. Al igual que César con los druidas, se busca controlar el flujo de ideas, la narrativa dominante, para asegurar el éxito de la estrategia. Divide y vencerás. Una máxima que, lamentablemente, sigue resonando con fuerza en el siglo XXI. La historia, como un espejo, nos refleja las tácticas del pasado, alertándonos sobre los peligros del presente. Nos corresponde a nosotros, como ciudadanos, aprender de las lecciones de la historia y resistir la manipulación, buscando la unidad y el diálogo por encima de la división y la confrontación. El futuro de nuestras sociedades depende de ello.
Fuente: El Heraldo de México