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8 de abril de 2025 a las 03:45

Sacerdotes de Jalisco, ¡No al silencio! Denuncia extorsiones.

La sombra del crimen organizado se cierne sobre Jalisco, un tema que ha vuelto a la palestra tras las declaraciones del Cardenal Francisco Robles, quien pintó un panorama desolador en algunos municipios donde el miedo silencia a la población. El temor a represalias, la desconfianza en las autoridades y la palpable sensación de vulnerabilidad son el pan de cada día para muchos jaliscienses que, a pesar de conocer las actividades de estos grupos, prefieren callar ante la falta de protección. Imaginen vivir con el constante nudo en la garganta, sabiendo quiénes son los responsables de las desapariciones, de la violencia, pero sin poder alzar la voz por miedo a que la tragedia toque a su puerta. Esta realidad, descrita con crudeza por el Cardenal Robles, nos obliga a reflexionar sobre la fragilidad de la seguridad y la necesidad de reconstruir la confianza entre la ciudadanía y las instituciones.

El Gobernador Pablo Lemus, si bien no cuestiona las palabras del Cardenal, matiza la situación. Reconoce la infiltración del crimen organizado, pero niega que hayan tomado el control de los municipios. Un matiz importante que, sin embargo, no minimiza la gravedad del problema. La infiltración, por mínima que sea, es una grieta en el sistema, una puerta abierta a la corrupción y la impunidad. ¿Hasta qué punto esa infiltración puede escalar si no se ataja de raíz? ¿Cómo garantizar la seguridad de los ciudadanos cuando la línea entre la legalidad y la criminalidad se difumina? La respuesta del Gobernador, centrada en la denuncia anónima, es un primer paso, pero ¿es suficiente?

La denuncia anónima, una herramienta valiosa para romper el ciclo del silencio, se presenta como la solución inmediata. Lemus hace un llamado a la población, incluyendo a los miembros de la Iglesia, para que utilicen este recurso y proporcionen información que permita a las autoridades actuar. Se busca, de esta manera, proteger las festividades y la vida cotidiana de los municipios, evitando que la extorsión y el miedo se apoderen de la comunidad. Sin embargo, la eficacia de esta medida depende en gran medida de la confianza que se logre generar. ¿Cómo convencer a una población aterrorizada de que su anonimato será respetado y que las autoridades actuarán con prontitud y eficacia? La respuesta no es sencilla y requiere un esfuerzo conjunto que vaya más allá de las palabras.

La intervención en la zona Altos Norte, destacada por Lemus como un ejemplo de éxito en la lucha contra la delincuencia, ofrece un rayo de esperanza. La reducción de los índices delictivos gracias a la presencia permanente de las autoridades estatales en Teocaltiche y Villa Hidalgo demuestra que la estrategia de seguridad puede dar resultados. Sin embargo, la pregunta que surge es si este modelo es replicable en otros municipios y si se cuenta con los recursos necesarios para mantener una presencia policial efectiva a largo plazo. La seguridad no puede ser una solución parche, sino una política integral y sostenible.

Finalmente, la revisión administrativa de las comisarías de Teuchitlán y Tala, enfocada en los permisos de armas y los controles de confianza, es un paso crucial para depurar las instituciones y garantizar la integridad de las fuerzas de seguridad. Si bien los reportes indican que todo está en orden, la transparencia y la constante vigilancia son fundamentales para evitar la corrupción y la complicidad con el crimen organizado. La confianza se construye con hechos, no con palabras, y la ciudadanía espera resultados tangibles que demuestren el compromiso real de las autoridades con su seguridad. La lucha contra el crimen organizado es una tarea compleja que requiere un enfoque multifacético, que incluya la prevención, la inteligencia, la acción policial y, sobre todo, la participación activa de la sociedad. Solo así se podrá romper el ciclo del miedo y construir un Jalisco seguro para todos.

Fuente: El Heraldo de México